"Nerviosa y a la expectativa. Así es como estaba Noa la
primera noche que salió por aquel pueblo vacacional.
No hacía mucho había conocido a tres hombres fuertes y
guapos, algo mayores que ella, cosa que le añadía más morbo a la situación,
pero con el único inconveniente que eran los mejores amigos de su tío.
Noa había decidido acompañar a su tío a trabajar esa noche
en el bar familiar, sabía que allí iba a encontrarse con ellos.
El primero en llegar fue Alex, un chico alto, musculoso, con
ojos y pelo oscuro, y con un trasfondo misterioso. Nada más llegar saludo a Jesús
–el tío de Noa- con un apretón de manos y
con guiño un ojo a ella se dirigió hacia la mesa del fondo.
El siguiente fue Antonio, también era muy alto pero mucho
menos musculado que Alex, con un pelo color zanahoria que resaltaba los ojos
aguamarina y, a diferencia de Alex, siempre vestía con ropas elegantes.
Antonio, debido a su carácter más tímido, decidió no
acercarse a la barra, y desde las distancias alzo la mano y se dirigió a la
mesa donde se encontraba Alex.
El último en llegar fue Sergio, acompañado de su novia
Carmen. El era un chico no muy alto, poco musculado, con los ojos marrones y
cuya cabellera marón empezaba a dar aviso de una calvicie prematura ya que se
apreciaban dos entradas pronunciadas que
tenia a ambos lados de la frente.
Carmen, era una chica muy atractiva, más alta que Sergio, con
una melena larga y ondulada de color
negro azabache y unos ojos verdes aceituna que demostraban que esa belleza solo
podía ser andaluza. Lucía un vestido rojo fuego, de aspecto vaporoso, que era
visualmente provocador debido a su generoso escote.
Noa pasó parte de la noche viendo como esos tres chicos tan
atractivos bebían y reían mientras ella obedecía las órdenes de su tío.
Poco antes de cerrar el bar, Sergio y Alex se acercaron a la
barra para pagar la cuenta:
-¿Que te debemos preciosa?- dijo Alex.
-Serán veinte con noventa, por favor- responde Noa algo
tímida debido al piropo. Sergio introduce su mano en el bolsillo trasero de su pantalón
vaquero y saca una cartera de cuero negro, coge un billete de 50 euros y los
deja en la barra- Aquí tienes señorita-.
Noa se giró para coger el cabio de la máquina registradora,
y mientas manipulaba las monedas observó a través del espejo que Alex miraba su
trasero, cosa que la ruborizó.
-Aquí tienes tu cambio- respondió avergonzada por el rubor
de sus mejillas.
Mientras ella comenzó a recoger las sillas del bar, Sergio
se acercó a ella:
-Noa, ¿te apetece venir con nosotros al BeachClub?, es un
pub cerca del puerto en el que se está
muy cómodo.
Noa, algo sorprendida por la invitación, se dio la vuelta –
la verdad es que me encantaría acompañaros, pero soy menor y mi tío es algo
estricto con las salidas.- En ese mismo instante Sergio grito el nombre de su
tío y este salió de la cocina. -Dime- respondió el tío.
Sergio le explicó lo que le había dicho a su sobrina y le pidió
permiso para llevarla con él, a lo que Jesús accedió sin discusión. -Noa vete con ellos, pero no vengas a casa
cuando termines, te quedas en casa de tu tía Susana no vayas a venir borracha y
despiertes a tus primas. Tu tía no está así que no rompas nada.-
Ella por fin se sentía libre, y sabia sin ninguna duda que
esa noche iba a ser una de las mejores noches de su vida.
Estando en el parking, Carmen aviso de que ella no iba a
poder salir esa noche, tenía que trabajar al día siguiente y ya se encontraba
demasiado cansada, y aunque Sergio le propuso irse con ella, Carmen insistió en
que saliera con sus amigos y con la “niña”. Noa vio cumplido uno de sus deseos,
porque aunque Carmen era una chica la mar de simpática y atenta, ella quería tener
toda la atención de los chicos.
Media hora después, los cuatro se encontraban en la puerta
de la discoteca, pero Noa estaba algo preocupada. –Sergio, el portero no me va
a deja entrar, soy menor- dijo en voz baja para que el hombre de seguridad no la oyera. De
repente él le coge la mano, le retira un mechón de pelo y ella pudo sentir como
su aliento recorría su oreja – tranquila, esta noche tu eres mi chica-.
Ella empezó a sentir como todos los bellos de su cuerpo se
erizaban sin sentido, él tenía novia, lo único que iba hacer era fingir para
poder entrar.
Una vez dentro, y habiéndose hecho pasar por pareja, Sergio
decidió ir a saludar a unos amigos mientras Alex, algo confuso por lo sucedido
anteriormente, se acerca a ella – ¿Qué te apetece toma? Yo invito- ella que se
encontraba observando los pasos de Sergio contestó- una naranjada, por favor-
él soltó una carcajada- ¿con qué? - y al
ver que no obtenía más que una mirada confusa decidió ir a la barra.
Diez minutos después apareció con la botella de fanta por la
mitad y el vaso de tubo con un color naranja más claro que el de la botella,
pero ella no le dio importancia y pegó un trago. De repente una sensación de ardor le entró por
la garganta, algo estaba mal, eso no era fanta, pero como era una invitación no
le puso peros.
Antonio, algo agobiado por la situación de estar con una cría,
decidió marcharse sin despedirse, pero ni Sergio ni Alex se dieron cuenta,
estaban demasiado ocupados viendo como la niña tímida y avergonzada que habían decidido
llevarse de fiesta empezaba soltarse y a bailar de una manera tan sensual, que
no solo ellos miraban atontado, sino que medio pub estaba pendiente de ella.
Tres horas después, y con unos cuantos cubatas encima, el
pub apago sus luces, era hora de volver a casa.
Sergio acercó a Alex a casa de sus padres, ya que era la
casa más cercana. La siguiente era Noa.
Ella no quería que acabara así la noche, no había estado
mal, pero quería que fuera inolvidable.
Mientras iban de camino a casa de su tía, ella acercó
lentamente la mano al muslo de Sergio. Este algo sorprendido no reaccionó y se
quedo inmóvil, con su mirada fija a la carretera. Noa empezó a dibujar ochos
con sus dedos, de una forma suave y muy despacio, mientras a él se le empezaba
a acelerar la respiración.
No cruzaron una sola palabra hasta que aparcaron frente al
portal, - ¿te gustaría subir a tomar la última? No sé que tendrá mi tía por
casa pero algo habrá- ella bajo lentamente del coche, y él sin pronunciar una
sola palabra, siguió sus pasos.
Llegaron a la segunda plata donde se encontraba el piso de su
tía y nada más cerrar la puerta, Sergio acarició sus brazos y avanzó tímidamente
hasta alcanzar sus pechos. El canal que los unía estaba ligeramente sudoroso.
Abarcó ambos pechos y apretó su pelvis contra las nalgas de Noa, ella se irguió,
dejando que sus nalgas se mostraran ahora más protuberantes.
Noa le aparto para sorpresa de él, sorpresa que fue aun a
mayor cuando vio que ella se sentaba insinuante en lo alto de la mesa de la
cocina abriendo sus piernas. Él se acerco sin premura, reconoció todo el cuerpo
de Noa sintiendo como se estremecía y sin más dilación le quito sus bragas.
Sergio bajo la cremallera de sus vaqueros y dejo asomar su miembro
viril completamente erecto. Noa se dejo abrazar por él y ella misma se quitó la
camiseta rápidamente, estaba tremendamente acalorada.
Sergio completo el trabajo desprendiéndola del sujetador de
encaje y dejando libremente aquellos grandes pechos. No tardo en tocarlos y
hacer que sus pezones consiguieran ser tan puntiagudos como un cuchillo recién afilado.
Él cogió los pechos entre sus manos, hundió su cara en ellos,
los mordió y besó reiteradamente haciendo que Noa sintiera un indescriptible
placer.
Su sexo estaba rebosante y él, adivinando la necesidad
urgente de ella lo acarició con sus dedos, recorriendo su vulva y abriendo sus
labios hasta internarse en su acalorada cavidad. Noa apoyando sus manos contra la mesa, abrió
sus piernas más aún y se deshizo de sus tacones para poder agarrar entre sus
piernas a Sergio.
No habían más que comenzado.
Sergio instó a Noa a agacharse, invitándola a comerse su
miembro. Ella accedió sin reparos y cogiendo el pene entre sus manos lo
engulló, lamiendo con su lengu la parte posterior y dejando que sus dientes se
apoyaran ligeramente en su parte anterior. Mientras la boca de Noa saboreaba rítmicamente
el pene, acarició sis testículos, achuchándolos de forma frecuente hasta
hacerle gemir de placer.
La temperatura del piso era ya insoportable. Noa se levanto
orgullosa, y sentándose de nuevo en la mesa de la cocina, abrió sus piernas
impaciente por ser penetrada. Él, agarrando sus brazos se acercó a ella y con
una embestida lenta y continua, la lleno por completo, soltando en ese instante
un leve gemido de satisfacción.
Noa sintió el miembro llenando su cuerpo por completo, echó
su cabeza hacia atrás y cerró sus ojos, mientras él, de pie, inclinado sobre
ella, empujaba su cuerpo contra su sexo una y otra vez. El ritmo alternaba volviendo
completamente loca a Noa, que entregada a Sergio sentía ya como le dolía el
clítoris por el esfuerzo realizado.
Él la embistió por última vez, saco su miembro, y haciéndola arrodillarse
se derramó sobre los pechos de Noa que, exhausta, acepto aquella ducha
inesperada.
Tras unos minutos de recuperación, ambos se dirigieron a la
ducha donde se refrescaron y limpiaron.
Sergio decidió marcharse, aunque no sin antes dejarle su
número a Noa. Se despidió con un cariñoso beso en los labios –espero que no
tardes en llamarme-. Al cerrar la puerta Noa tenía una extraña sensación de
arrepentimiento.
Se dirigió por el pasillo hacia la habitación de invitados, pensando en
lo maravilloso y estupendo que había sido pasar la noche con Sergio y deseaba
el momento de repetir. Pero cuando se tumbo en la cama seguía teniendo ese
remordimiento que no entendía y entonces fue cuando recordó… -CARMEN-. "

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